El otro día, mientras trataba de tener una conversación con mi madre, mi hermana nos molestaba con Casi Ángeles, el nuevo hit televisivo de Cris Morena. Aburrido, opte por rendirme y mirar la tele, llamándome poderosamente la atención el profundo espíritu religioso que emanaba de cada situación presentada.
Mas allá de que obviamente no pretendía encontrar nada complejo dentro de una ficción de Cris Morena (que se caracteriza por argumentos simples y golpes bajos efectistas), también es cierto que esta serie es consumida por no pocos infantes, y es interesante ver que clase de discurso reciben. En este capitulo en particular, un personaje sufría una especie de ACV y caía en estado de coma. En un viaje lisérgico comatoso, el tipo se juntaba con un ente sobrenatural todopoderoso que le explicaba que la única manera de volver a despertar era si este encontraba el sentido de la vida. El viejo dilema del sentido de la vida, tomado en clave de vida o muerte en este caso. Bueno, ahora, ¿que mierda es, o que entendemos como “el sentido de la vida”? Si es el motivo de nuestra existencia, tiene una respuesta bastante fácil esa pregunta: tu mama se calentó con tu papa, o al revés, cogieron y naciste vos. Ahora, si hablamos de la razón por la cual actuamos y tomamos decisiones más o menos coherentes (entendiéndose por coherente no como sentido común, sino en correspondencia con un sentir), ahí la cosa se torna más oscura. Yo no conozco a nadie mentalmente sano que base toda su vida en una sola cosa, y creo que todas las personas que conozco opinarían más o menos lo mismo. Ok, hay convicciones, hay certezas, pero…ninguna de ellas podrían ser tomadas como “sentido de la vida”, son solo líneas que nosotros mismos marcamos para no corrernos del eje. Y muchas veces (casi siempre), esas certezas y convicciones van mutando en nuevas formas, algunas contradictorias, otras, complementarias. Y ahí regreso a Casi Ángeles: el sentido de la vida, es visto justamente, como un camino de ida, un lugar al que se llega y del que no se vuelve. Y para este pibe, el sentido de la vida es haberse enamorado. A todas las novelas les gusta mostrar el amor como un moustro invasor inevitablemente doloroso, pero colocarlo en esa situación, tan abstracta y determinante, párese escrito por el peor escritor evangelista naif (dejando de lado que las canciones de este tipo de novelas son casi cantos de iglesia). Cada vez mas, la tele destinada a cierta edad y sector, en este caso, niños y adolescentes, párese escrita no por gente adulta, sino por personas que se mimetizan con las características de la mentalidad imperante, y eso resulta en una serie donde la bondad es condición indispensable para vivir bien, donde los problemas provienen casi siempre de “agentes no buenos” y donde claro, todos son lindos, nobles, bellos y muy rubios. Y nadie párese importarle que eso se pase por tele, mientras que cada vez mas pelotudos putean porque el estado mantiene el programa de Capusotto.
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2 comentarios:
Es el primer post, y como tal, es bastante imperfecto, entiendalo
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